Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: PRIMERA POSICIÓN

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07 ene 10 | Ángel del Olmo

Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: PRIMERA POSICIÓN

La Buena Vida - Hallelujah! (Siesta, 2001)

Habían crecido como grupo y sólo les faltaba ese disco que diera solidez a todo aquello que venían hilvanando a través de esos caminos que sólo un par de artistas de la escena independiente se habían atrevido a hacer en nuestro país: desafiar a la sencillez desde la perspectiva que ofrecen unos arreglos que, desde el pasado, acompañaban los pareados de Vainica Doble y sus nunca olvidadas historias de la vida cotidiana, añadiendo sus suaves roces hacia la bossa nova o la chanson francesa.

 

Sin abusar de la ampulosidad  orquestal pero atravesando así los recovecos que podían esconder unas letras mucho más directas que en trabajos anteriores y adornadas con lo justo, La Buena Vida, si no lograron hasta la fecha su trabajo más compacto entre el ornamento y la franqueza, sí consiguieron solucionar unas fórmulas trabajadas y resueltas con mano maestra. No sobra ni falta nada y la voz de Iranzu Valencia cantando sola ó  acompañada magistralmente por Mikel Aguirre en canciones igual de magníficas (Vapor de carga, uno de los grandes temas de los donostiarras) ofreció más soltura que  nunca y unas dosis de sinceridad que pedían a gritos esos detractores que guerrearon muchos años en pos de la defensa de los otros compañeros de reparto: los desaparecidos Le Mans. Nadie ganó ni perdió la batalla. Atravesados ambos por la lanza que directa al corazón sigue abanderando una escena débil, que respira del fondo de armario de un pasado tan reciente como fugaz de éxitos (Chucho, El niño gusano, esa década de los noventa,…), La Buena Vida ha resultado ser un grupo ajeno a las modas y tan modesto en sus planteamientos que sus años como  grupo no han dejado de mantener encendida la llama de su firme coherencia y su esfuerzo creativo, que no ha dejado de crecer, alejando los criterios de la impostura hacia la imagen tan poco terrenal como imaginativa que regalan las notas de sus  numerosas y excelente colección de  canciones.

 

Desde el cielo (“cuando pase el tiempo conocerás a alguien más”…, ese estribillo tan desgarradoramente clásico en Qué nos va a pasar) hasta imaginar unos mundos iluminados  por la duermevela, La Buena Vida nos ha cantado sobre las cosas más importantes que nos suceden a todos y cada uno de los mortales con una  sonrisa puesta en unos mundos imaginarios poblados por seres tan humanos que casi podíamos tocar simulando ser los protagonistas de cada frase. Y alcanzaron el objetivo de crear un sentimiento común para todos aquellos que se identificaron con su música. Loable meta para una difícil empresa.  Lo hicieron así de fácil y, de esta  manera, cuando cada cual escuche su disco favorito de La Buena Vida (para muchos otros “Panorama” (Siesta, 1999) es su gran disco olvidado), podrá gritar sin ninguna vergüenza: ¡Aquí vivía yo!.



 

 

 

 

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