Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: Tercera Posición

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04 ene 10 | Sergio Romero

Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: Tercera Posición

Anari - Zebra (Metak, 2005)

“Si me he caído, esta vez lo he hecho hacia arriba. Como lo hacen los peces cuando mueren.” son los primeros versos de “Zebra”, tercer disco de la guipuzcoana Anari Alberdi. Casualidad o no, intentando indagar en el universo metafórico de esta autora vasca, uno se da cuenta de que la clave de este álbum, reside precisamente en esta estrofa: nos encontramos ante un disco de ruptura sentimental, pero de ésos en los que la rabia y el dolor te hacen mostrarte más fuerte y enfrentarte al futuro con otra cara.


Desde que debutó con aquel flamante álbum homónimo en el 97, Anari ha demostrado una facilidad desconcertante para construir versos sobresalientes. Posiblemente, y junto a los del desaparecido Mikel Laboa, los mejores jamás escritos en la música vasca. En “Zebra” no obstante, esa lírica está teñida de una crudeza que jamás antes en ella habíamos percibido. “La soledad nos viola en nuestras camas mientras dormimos” exclama en Ateak, o “Cada palabra no dicha es piedra dentro de mí/ Palabra a palabra, piedra a piedra/ he construido un muro que me abraza” canta en Harresia. Estas líneas son sólo dos ejemplos entre un montón que sosegadas, reposan en esta gran colección de canciones.


Pero en “Zebra” no sólo se oscureció su lírica; Anari quiso hacer un trabajo diferente, un disco donde la rabia no sólo se hiciera patente en los textos. Por ello, sustituyó los chelos y pianos que melancolizaron “Habiak” (Metak, 2000) por afiladas guitarras, dando como resultado un disco de rock sin medias tintas. Con una banda sólida formada por miembros de Purr e Inoren Ero Ni y un productor clave, Karlos Osinaga de Lisabö, este álbum supuso un cambio radical en la música de la hasta entonces “cantautora”. Por ello, si sus dos primeros trabajos nos remitían a la canción intimista de Françoiz Breut o a la de Kristin Hersh del “Strange Angels”, éste supuso el acercamiento definitivo al rock oscuro y pantanoso de dos de sus grandes admirados: Nick Cave y Thalia Zedek.


A juzgar por el sonido rockero del recién publicado “Irla Izan” (Bidehuts, 2009), se puede decir que “Zebra” marcó un antes y un después en la carrera de la de Azkoitia. Además de, junto a Lisabö, volver a generar un interés perdido (posiblemente tras la disolución de bandas como Negu Gorriak y Dut) en la música cantada en euskera.


Ahora que se nos ha ido Laboa, y por obras maestras como ésta, Anari es la mejor representante de la música cantada en el idioma de Larramendi. Larga vida.



 

 

 

 

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