Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: Quinta posición

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02 ene 10 | Roi Canda

Especiales: Los mejores discos nacionales de la década: Quinta posición

Los Planetas - La leyenda del espacio (BMG / Ariola, 2007)

Elegir uno solo de los discos publicados en esta década por Los Planetas para incluirlo en esta lista es algo harto difícil. Los trabajos del grupo granadino han sido, junto a los de los mallorquines Antonia Font, los que más discrepancias han generado entre todos los que hacemos esta revista. Los hay que prefieren a Los Planetas de siempre, los de “Unidad de desplazamiento” (RCA, 2000)  y “Encuentros con entidades” (RCA, 2002) y otros, quizás por no ser fanáticos integristas de Jota y los suyos, los que elegimos “La leyenda del espacio”. Los hay incluso que aborrecen todos sus discos.

 

2007 era el año en el que Los Planetas tenían que demostrar a todo el mundo que los signos de agotamiento que se dejaba entreveían en el irregular “Contra la ley de la gravedad” (RCA, 2004), eran sólo eso. Que podían reinventarse, que podían continuar teniendo interés para la industria y por supuesto para la gran cantidad de fans que habían conquistando con cada nuevo trabajo.

 

Más que un disco de cambio, tal y como nos quisieron vender, “La leyenda del espacio” es un disco maduro, el más equilibrado de un grupo que por fin ha dejado atrás la vitola de estrella indie adolescente, puesto que ni ellos lo son, ni sus seguidores tampoco. Esa sensatez es la que les hace conjugar lo mejor de su pasado con una visión musical sólo al alcance de quienes llevan una dilatada carrera y no han buscado en el estancamiento y la repetición la fórmula del éxito.

 

Éste es un álbum que desde el primer momento, incluso bastante antes de su publicación, creo expectación y polémica. Algunos también nos lo intentaron vender como “El disco flamenco de Los Planetas”. Una temeridad, pero que sin embargo tiene su punto de verdad.  Se nota el interés por el folklore andaluz. Ahí queda la excelente colaboración con el maestro Enrique Morente, al igual que algunas letras que Jota sustrae de diferentes clásicos populares del género. La métrica y estructura de esos palos que toman como inspiración,  pero tal y como dijo Florent en una de las entrevistas promocionales “es sólo una aproximación al flamenco desde el punto de vista del rock”. Y así es. Nada más.

 

El rock está más presente que nunca pero entendido desde otro punto de vista. Caliginoso, de atmósferas tenebrosas, abrupto. Probablemente este es su disco más difícil de digerir de todos en una primera escucha, pero que con un poco de atención ya se asomaban muchas de las virtudes pasadas ya mostradas por el que muchos denominan como el gran grupo “independiente” de este país.

 

A excepción de ese gran hit que es Reunión en la cumbre en el que están presentes la inmediatez de “Pop” (RCA, 1996) y la crítica a la industria musical que Jota ya había manifestado en “Contra la ley de la gravedad”, el resto del disco goza de un empaque y unidad que no se recordaba desde “Una semana en el motor del autobús” (RCA, 1998). El desamor presente en muchas de las letras ya es un clásico en su ideario. Han recuperado además sus eléctricos comienzos, los lisérgicos desarrollos que les encumbraron hace ya tantos años, la pasión, el espacio y la distorsión. El Ruido. Jota rescata la capacidad de emocionarnos con sus nuevas hechuras de cantaor bastardo, Erik apabulla con la batería y Florent crea inquebrantables muros con su guitarra. Realmente convencen. Sobre todo con El canto del bute, Si estaba loco por ti, Ya no me asomo a la reja y Negras las intenciones.

 

Demasiadas razones como para no elegir éste, y no otro de los discos que los de Granada han publicado en estos diez años, para que ocupe nuestra quinta posición.



 

 

 

 

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